Sociedad y Cultura

Credit Suisse, la devolución del dinero nazi y el fantasma de la quiebra

El banco suizo debe devolver una fortuna de 33 mil millones de euros a herederos de los nazis. Arrastra a la banca suiza y corre peligro de desaparecer.

En tiempos de la Segunda Guerra Mundial, el Schwetzerische Kreditanstalt (hoy Credit Suisse) era el banco más seguro para los nazis. Aunque no lo fue solo para las figuras más encumbradas del nazismo, sino también para muchos de sus enemigos. De ahí el auténtico valor económico, financiero y estratégico de la tradicional neutralidad suiza. Durante años -antes, durante y después del conflicto bélico- las bóvedas de la institución helvética se han ido colmando de bienes, valiosos documentos y fortunas millonarias, para luego entrar en un proceso de «arianización» (o nazificación) de sus depósitos.

A partir de 1945, con una Europa que pasó a estar bajo el control total de los Aliados, se pretendió desarmar el complejo entramado financiero del nazismo de posguerra, y sus cuentas bancarias en Suiza se transformaron en una auténtica obsesión. Por décadas se habló de millonarios depósitos guardados bajo siete llaves en bóvedas y cajas de seguridad. El caso fue negado hasta el hartazgo, no solo por las sucesivas direcciones del Credit Suisse, sino también por las máximas autoridades del Gobierno Federal suizo y por quienes se encargaron de poner a resguardo fortunas que durante mucho tiempo fueron casi imposibles de calcular. Sin embargo, entre la leyenda y el negacionismo, hay reveladora documentación sobre las partidas de dinero enviadas a la «fortaleza» suiza.
Listas encontradas en Buenos Aires
En el año 1984 algunas cosas comenzaron a salir a la luz gracias al descubrimiento fortuito de documentación sobre el traspaso de dinero nazi, de la Argentina a Suiza. Era una información que estuvo a punto de desaparecer y que pasó a manos de Pedro Alberto Filipuzzi, por entonces un joven empleado del Banco Nacional de Desarrollo (Ba.Na.De.) que funcionaba en el mismo edificio que desde inicios del siglo XX (y hasta mediados de los años ’40) albergó a la sede del Banco Germánico de América del Sud. Se trataba del principal bastión económico y financiero para los intereses del régimen de Adolf Hitler en la Argentina, a la vez que la central del Partido Nazi (NSDAP) en el país. Las oficinas estaban disimuladas como dependencias del banco en el cuarto piso del edificio ubicado en la avenida Leandro N. Alem 145. Filipuzzi trabajaba bajo órdenes de Olegario Brest, jefe de la Oficina de Liquidaciones del Departamento de Compras y Suministros; y quien un día le abrió las puertas de un impensado tesoro que -años después- activaría una cuenta regresiva para una de las más poderosas instituciones bancarias de todos los tiempos.

Credit Suisse Schweizerische Kreditanstalt, foto Archivos Federales Suizos Schweizerisches Bundesarchiv

Schweizerische Kreditanstalt.

Allí estaba la lista completa, con 12 mil nombres, apellidos, fechas y fichas de afiliación al Partido Nazi, de quienes enviaban remesas desde Buenos Aires a una cuenta única en el Schwetzerische Kreditanstalt. El dinero era producto del expolio a los judíos alemanes y de otros países durante los tiempos del régimen de Hitler, que eran depositados en Buenos Aires y que luego -mediante una disimulada y monumental operación de lavado- era remitido a las bóvedas de la institución helvética. Pasaron muchos años para que, recién el 7 de enero de 2020, el Credit Suisse reconociera oficialmente -mediante una carta membretada- la existencia de esa cuenta única y millonaria de fortunas «arianizadas». El descubrimiento de la importante documentación presentada por Canal26.com en exclusiva (con la carta original enviada desde Suiza), derivó en que Filipuzzi activara (junto al Centro Simon Wiesenthal) un reclamo formal cursado mediante nota escrita, remitida a Christian Küng (vicepresidente del Credit Suisse) para descubrir el laberíntico sistema de la «Ruta del Dinero nazi» y la existencia de esas fortunas, por décadas negadas.

Carta Credit Suisse, Ludwig Freude, 7 enero 2020

Carta Credit Suisse, 7 enero 2020

Dice la carta:

Consejo General
Core Banking & Standard Lending, YSPF 1
Christian Küng, Abogado, Vice Presidente asistente.
Pestalozzi Rechtsanwalte AG RA, Oliver Widmer, Lowenstrasse 1, 8001, Zürich.
7 de enero de 2020.
Herencia de Ludwig (Ludovico) Freude.

Estimado Sr. Widmer:
Nos referimos a su carta fechada el 23 de diciembre de 2019 en el estado anterior. En principio, el banco solo puede proporcionar información a una parte contratante (o su representante o sucesor legal) sobre cualquier relación bancaria existente o anterior de la parte contratante. Por lo tanto, no tenemos derecho a proporcionarle información sobre ninguna relación de cliente con Credit Suisse AG a un tercero, incluso si el testador hubiera sido el beneficiario efectivo de esto. Nuestra posición al respecto permanece sin cambios. En este caso, los herederos deberán ponerse en contacto directamente con el tercero para mayor información o, en el caso de las empresas, sus órganos, o alternativamente llamar a los tribunales competentes en derecho internacional privado para obtener la información requerida sobre la asistencia o reconocimiento legal (en el caso de jurisdicción extranjera) o a través de los tribunales suizos (en el caso de jurisdicción suiza). También nos referimos a nuestra carta anterior con fecha del 15 de julio de 2019. Si tiene alguna pregunta, el Sr. Christian Küng estará encantado de ayudarle.

Freundliche Grüsse
CREDIT SUISSE AG

Reto Hösli
Director

Christian Küng
Vice Presidente Asistente

En otras palabras, se reconoce la cuenta única a nombre de Ludwig Freude, pero se deja entrever que solo se responderá a los directos involucrados o, en su defecto, a sus descendientes y/o representantes legales.

Antecedentes de la crisis y sus consecuencias
Hoy el Credit Suisse se encuentra en una encrucijada que podría asestar un golpe certero y letal para su futuro inmediato. Tras el reconocimiento de la cuenta con dinero «oscuro» del nazismo, se transformó en una institución apaleada que saca -como nunca antes- sus «trapos sucios» al sol. Además, la carta del 2020, provocó una oleada de reclamos de parte de los herederos de la práctica mayoría de los depositantes originales, por una suma total estimada (al cambio actual) en unos 33 mil millones de Euros. La cifra, de ser devuelta en su totalidad, podría significar la caída inevitable y la quiebra de uno de los gigantes financieros mundiales. De hecho, desde que se confirmó la veracidad de esa cuenta, se activó la demanda de varias familias de Argentina, pero también de Chile, Brasil, México, algunos países de África y Oceanía. El banco suizo necesita al menos USD5 mil millones para hacer frente a sus «obligaciones» de devolver el dinero a quienes ahora lo reclaman como propio. Las consecuencias inmediatas son el cierre de sus negocios de crédito prendario y préstamos en toda América Latina, en un abandono de sus más importantes operaciones que es inédito en toda su historia. La tormenta es inevitable, pese a los inconducentes intentos previos de ocultamiento de esos bienes.

En 1997, Ulrich Koerner, alias «Uli, the knife» (Uli, el cuchillo), fue el primero en intentar lograr ese objetivo. Sucedió cuando, en combinación con Ingeniería Financiera y Contabilidad Creativa del Credit Suisse, pretendió ocultar los depósitos de los nazis de la Argentina mientras al mismo tiempo, en otra hábil maniobra de humo y espejos, se encargaba de sacar a la luz las cuentas de familias judías ante la llamada «Comisión Volcker». Así mismo, los infructuosos intentos por hacer pasar desapercibido el «VolksBank» (el instrumento financiero del Credit Suisse generado con los activos del nazismo) no llegó a buen puerto y ahora, «Uli, the knife» debió regresar como CEO al banco helvético para «poner la cara» y «sacar las papas del fuego», aunque deba inmolarse quemándose las manos.

Ludwig Freude y Werner Koennecke, nazis en Argentina, foto CEIAA

Ludwig Freude y Werner Koennecke, agentes nazis.

Axel Lechmann, actual presidente del Credit Suisse, con ascendencia alemana, y un padre que fue integrante de las Wehrmacht (las Fuerzas Armadas alemanas en tiempos de Hitler) lo llamó de urgencia para que arregle este auténtico infierno de demandas junto a Reto Hösli y Christian Kung, a cargo de los activos del ex Schwetzerische Kreditanstalt y de las fortunas depositadas a nombre de Ludwig Freude y Werner Koennecke desde Buenos Aires en los años ’40. Freude era el financista alemán (nacionalizado argentino en 1946 para evitar que sea extraditado a los Estados Unidos para ser juzgado como agente nazi), que manejaba los bienes del nazismo en la Argentina y que era, en la práctica, el embajador alemán en las sombras. Por su lado, Koennecke (yerno de Freude) fue -de hecho- el «contador» del Partido Nazi en el país. Juntos, desde las oficinas del Banco Germánico de América del Sud, se encargaban de organizar las millonarias maniobras de dinero que en la actualidad debe devolver el Credit Suisse.

Credit Suisse, Axel Lehmann, Reuters

Axel Lehmann, presidente del Credit Suisse.

El “rescate” de los qataríes y la banca judía
Actualmente, el Credit Suisse, arrastra en su caída al Banco Nacional de Suiza, una realidad impensada en los tiempos de Hitler. El banco suizo pide auxilio a veinte instituciones de capitales en donde -curiosamente- prevalecen directivos de la colectividad judía, como J.P. Morgan y Goldman Sachs, entre otras. Pero en el “rescate”, estos grupos financieros no están solos. El Banco de Qatar adquirió el 9,9% del Credit Suisse, y Harris Associates se acaba de quedar con otro 10% de las acciones, cuyas bajas permitieron que entren en juego “pesados” jugadores para colonizar el banco con sangre de Medio Oriente en sus venas. El plan de los jeques es inmejorable: la compra de ese porcentaje accionario del banco suizo por parte de los sauditas da un retorno del 24% sin mucho (o nada de) riesgo para Qatar, unos enormes ingresos que se dio justamente en la antesala del Mundial de fútbol del 2022 que organizaron.

Por su lado, lo de Harris Associates fue una hábil maniobra de David Herro, su jefe máximo y poderoso inversionista de la colectividad judía de Nueva York que -con el porcentaje adquirido- se ganó el derecho a sentarse en la mesa del Directorio de la otrora poderosa institución helvética.

Los únicos fueronvetados los rusos, que habían anticipado la estrepitosa caída de las acciones antes del estallido de la guerra contra Ucrania. Al lanzar su ataque contra la Nación vecina, Vladimir Putin fue marginado de la posibilidad de ser uno de los nuevos mayores accionistas del Credit Suisse y, de ese modo, perdió el negocio de su vida. La receta es difícil de digerir. Es una “ensalada suiza” con toque “kosher” y un mix de “dátiles” cataríes, en una curiosa paradoja de la vida: un banco con una (ahora) inocultable fortuna nazificada, marcadamente antisemita, que “pide la escupidera” a los mismos árabes y judíos que por décadas discriminó.

Si prospera, como está sucediendo, esta catástrofe, también cambiará para siempre el universo hipotecario europeo por el incremento inusitado de los seguros de hipoteca, que es la dolorosa variable que encarece a los préstamos para viviendas por crédito hipotecario. El momento para que esto suceda no podía ser más inoportuno para millones de personas: el drama imparable de la guerra que amenaza con extenderse primero a toda Europa y luego, tal vez, al mundo entero.

 

Instagram: @marcelo.garcia.escritor
Twitter: @mdGarciaOficial

Agradecimiento especial al Ing. Pedro Alberto Filipuzzi.

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