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ITALIA: Otras Pascuas sin roce físico, más estrés y ansiedad

Sin roce físico, estrés y ansiedad

Pascua, este año, como ocurrió el año pasado, será para muchos una jornada de soledad sin comidas ni amigos y tampoco viajes, pero sobre todo sin estrechar las manos, abrazar o hacer una caricia a quien amamos, con repercusiones en el bienestar psíquico, en particular, para los ancianos y todos aquellos que viven solos.

Un malestar -advierten los psiquiatras en Italia- que conduce al llamado fenómeno del «hambre de piel», que varios estudios científicos comienzan a documentar.

El distanciamiento social impuesto por la necesidad de manejar los contagios «roba» contacto físico y gestos de afecto.

Son así menos los intercambios afectivos de amigos y parientes no convivientes, de nietos e hijos para los abuelos, los más frágiles.

«El contacto físico es tranquilizador porque es la modalidad más arcaica para hacernos sentir seguros, además el sentido de seguridad y de satisfacción que provoca, desata modificaciones neuro-químicas positivas como el aumento de la producción de oxitocina, la hormona del apego que tiene un efecto tranquilizante», explican Massimo di Giannantonio y Enrico Zanalda, copresidente de la Sociedad Italiana de Psiquiatría (SIP).

Los efectos de la carencia de abrazos en la era Covid comienzan a ser documentados: un estudio en vía de publicación que muestra que en Estados Unidos, solo en el primer mes de bloqueo, si generó una generalizada carencia de contactos físicos y abrazos que se acompañó con una sobrecarga de trastornos del ánimo, como depresión y ansiedad, y también fatiga y desorden del sueño.

Encabezado por Tiffany Field de la Universidad de Miami, Florida, el estudio involucró a 260 adultos, el 60% de los cuales refirió la carencia de contacto físico afectuoso.

Otro trabajo recién publicado en la revista Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology y coordinado or Debby Herbenick de la Indiana University School of Public Health-Bloomington, mostró que los niveles de depresión y soledad durante la primera oleada de Covid-19 resultaron en aumento. Solamente aquellos que mantuvieron elevados niveles de contacto no virtual, pero físico y altos niveles de conexión social presentaron un mejor estado de salud mental.

«Las restricciones sociales siguen siendo necesarias: en esta fase es aún imposible asegurar a nuestros seres queridos no convivientes los habituales gestos de afecto, y es evidente que ni las videollamadas, ni los mensajes pueden sustituir el encuentro real entre las personas», subrayan Giannantonio y Zanalda.

«Hay trucos que podemos adoptar para suplir la carencia de contacto físico, estimulando el tacto en otro modo. Una ducha caliente, por ejemplo, tiene el efecto calmante y tranquilizante, tocar telas suaves y confortables como la seda y hacer un masaje en los pies produce sensaciones placenteras que nos hacen sentir mejor», precisaron los expertos.

«Y si mediante el contacto de piel con materiales agradables o cálidos hallamos placer, se puede al menos en parte atenuar la falta de la cercanía real de otras personas», aseveran.

Todavía, concluyen los psiquiatras, «el contacto físico es buscado y practicado cuando es posible, por ejemplo, con los familiares convivientes».

 

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