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CHINA: lanza una dura ofensiva de condenas a financieros corruptos

Esta semana se han dictado una pena de muerte y una cadena perpetua.

En China, el famoso dicho “matar a la gallina para asustar a los monos” se utiliza cuando se impone un castigo ejemplar sobre una persona con el objetivo de que el resto tome nota y no siga su ejemplo.

Pues bien, en los últimos tiempos Pekín está dejando el corral casi vacío a base de severas condenas –pena de muerte incluida– a diferentes empresarios y banqueros imputados en sonados casos de corrupción. Las penas forman parte de la campaña anticorrupción emprendida por el presidente Xi Jinping cuando llegó al poder en el 2013, y dejan claro que no piensan cejar en su limpia por muchos millones que tengan en la cartera.

El último de estos casos se registró ayer mismo, cuando el expresidente del Banco de Desarrollo de China Hu Huaibang fue sentenciado a cadena perpetua por aceptar sobornos. El tribunal determinó que el banquero aprovechó sus diversos cargos para ayudar a otras personas a obtener créditos, operar sus negocios y asegurar promociones entre el 2009 y el 2019. A cambio, aceptó dinero y regalos por valor de unos 10,7 millones de euros.

Sentencia excepcional
La pena capital por delitos económicos suscita miedo entre los empresarios
Peor le fue a Lai Xiaomin, el ex presidente de la empresa estatal de gestión de préstamos Huarong, que dos días antes fue condenado a muerte –sin posibilidad de conmutarla– por aceptar sobornos, corrupción y practicar la bigamia. El fallo estableció que Lai, que también era uno de los principales cargos de la Comisión Reguladora de la Banca de China, aceptó unos 225 millones entre el 2008 y el 2018 a cambio de ascensos o adjudicaciones de proyectos. Además, también fue hallado culpable de participar en el desfalco de otros 3,2 millones de la sociedad estatal que presidía.

Su sentencia supuso un caso excepcional del uso de la pena capital para castigar delitos económicos, en los que se suele dar la posibilidad de conmutar este castigo por la cadena perpetua. “Al imponer esta sentencia, China está dando un gran paso atrás en materia de derechos, en lo que parece ser un esfuerzo por crear miedo entre los empresarios”, criticó Phil Robertson, de Human Rights Watch, quien pidió que se le sustituyera el castigo por la prisión.

Esa es precisamente la suerte que corrió el pasado noviembre Cai Guohua, antiguo presidente del banco Hengfeng, que en noviembre del 2020 fue condenado a muerte con una suspensión de dos años –tiempo tras el que, si no comete más delitos, se le conmutará por cadena perpetua– por malversación de fondos, abuso de poder o corrupción. Según recogió el diario Global Times , Cai es “uno de los banqueros más corruptos de la historia” y se habría adjudicado su-mas que rondan los 1.130 millones.

Desde que comenzó la campaña anticorrupción, más de un millón y medio de funcionarios chinos han sido sancionados. Hacia el 2016, Pekín puso el ojo en los empresarios, sobre todo en los que estaban volcando ingentes sumas de dinero en arriesgadas inversiones en el extranjero. Son casos como el del expresidente de la aseguradora Anbang, condenado en el 2018 a 18 años de cárcel por delitos financieros, o el de Xiao Jianhua, un multimillonario que en el 2017 fue detenido en el hotel Four Seasons de Hong Kong.

Represión
Algunos casos se han utilizado para castigar a personas incómodas para el régimen
El año pasado, también fueron notables las condenas de 11 años de cárcel para Xiang Junbo, expresidente de la extinta Comisión Reguladora de Seguros de China, o la del empresario Ren Zhiqiang, condenado a 18 años de prisión por varios casos de corrupción. Curiosamente, su castigo llegó poco después de que tildara a Xi de “payaso” por su gestión de la pandemia, lo que alimentó la teoría de que algunos casos se han utilizado para quitarse de en medio a personajes incómodos para el régimen.

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