Sociedad y Cultura

El hacker que robó 6 millones trabajaba para la mafia rusa

Katana, «mago» de los ciberatracos, era su blanqueador con criptomonedas.

Denys Katana se pasea por el mundo con la tranquilidad de quien materializa sus deseos a golpe de correo electrónico envenenado desde el salón de su casa. Y no son deseos baratos: BMW exclusivos, mansiones que rondan las seis cifras, montañas de cash, joyas de las que es imposible no prendarse. El lunes, cuando la Policía le colocó las esposas en su piso de Alicante, el hacker se limitó a sonreír y dijo a los agentes que no necesitaban desencriptar el pendrive que habían encontrado. «Entregué todas mis claves a la Audiencia Nacional», explicó.

El miércoles quedó en libertad tras pasar a disposición judicial. Es uno de los blanqueadores, a través de criptomonedas y de su maestría informática, de la mafia rusa desmantelada esta semana. Katana, de 38 años, es ucraniano con esa identidad, pero su otro pasaporte señala que nació en Rusia y se llama Denis Tokarenko. En marzo de 2018 la Policía lo arrestó y lo presentó como el cerebro de cientos de ciberatracos a bancos de todo el mundo cometidos desde su casa de Alicante, donde se instaló en 2013.

Con programas de sotware malicioso que fue perfeccionando logró, según el auto de procesamiento del juez Manuel García Castellón, 5,9 millones de euros. Introducía esos programas que rompían las barreras de seguridad de bancos de Taiwán, Bielorrusia, Kirguistán, Kazajistán, Ucrania -también entidades españolas- y cuando él lo disponía, a la hora programada, «saltaba la banca». Los cajeros automáticos escupían billetes sin control que un grupo de «mulas» o correos de la mafia moldava recogía y después sacaba en efectivo o a través de bitcoin a las cuentas de Katana y sus cómplices.

Medio millón en joyas
Llegó a amasar una fortuna en criptomonedas (unos 15.000 bitcoins, alrededor de 126 millones de euros), pero tras varios años dieron con él y lo detuvieron. Vivía con su ostentosa mujer (a la que regaló medio millón en joyas) y su bebé en un chalé de Alicante.

Los agentes de la Udyco Central de la Policía y la Fiscalía Anticorrupción siguieron con atención esta primera caída en 2018, cuando ellos ya sabían que el hacker se relacionaba con un grupo de empresarios rusos que estaban blanqueando millones de dinero negro en la provincia y en Ibiza procedente del crimen organizado en su país. Uno de los métodos para lavar esos fondos eran los monederos virtuales. Katana ingresó en prisión preventiva pero el contacto no cesó. Maxim Khakimov y Nikolay Mityurev, ambos encarcelados desde el miércoles, vieron en los bitcoins otra forma de colocar esos millones, más allá de las inversiones en restaurantes, hoteles, y chalés, y las entradas y salidas de maletines con efectivo.

«Más de mil millones»
Cuando se detuvo a Katana la primera vez, en 2018, se le acusó de ser el cerebro de ciberataques mundiales y de robar 1.000 millones de dólares en cajeros y cuentas.

5,9 millones
La Audiencia Nacional, que le procesó, rebajó esa cifra. Llevaba infectando saldos desde 2013.

15.000 bitcoins
Llegó a acumular 15.000 bitcoins (unos 126 millones) en plataformas financieras.

La relación entre Katana y Khakimov, cerebro financiero de la organización, era tan estrecha que Yulia, la mujer del primero recurrió al financiero y fue este, con su abogado, el que la asesoró sobre cómo ingresar dinero a su esposo en el peculio de la cárcel o cómo comunicarse con él.

La entrada en prisión del hacker supuso un quebranto no solo familiar, sino también económico. Katana había invertido mucho en seguir mejorando sus letales softwares ladrones y había perdido cantidades importantes en disputas con mafiosos y en las plataformas de intercambio de criptodivisas. Además, tenía las cuentas embargadas. Acumuló así una deuda altísima (más de 500.000 euros) con un inversor que le reclamó el dinero.

Sicarios enviados a China
Fue Khakimov, según las escuchas, quien movió hilos para contratar a un grupo de sicarios en Rusia que debían viajar a China y zanjar así el problema del hacker. Contó con la colaboración de otro de los detenidos de la red de apoyo, un ruso llamado Sidorov, que servía tanto para una extorsión como para un blanqueo o para actuar de intérprete en una compraventa delicada.

Katana recobró pronto la libertad, con los ojos del CNI posados en sus innegables habilidades. Pero no se quedó cruzado de brazos a la espera del banquillo. Disminuyó su tren de vida (pasó del chalé al piso alicantino y del BMW más caro a otro coche de lujo, aunque de renting). Lo que no dejó es de trabajar en lo suyo con sus benefactores, ligados por relación comercial a la mafia rusa. Las alarmas de los investigadores se activaron cuando se enteraron de la cita que tuvo en Madrid con un multimillonario ruso de origen israelí. Iba a ser su siguiente negocio: crear un monedero virtual en Israel, otro supuesto sumidero de dinero negro en forma de bitcoins.

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