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ALEMANIA: Lucha por sobrevivir, las empresas de esta Nación se adaptan en medio de la pandemia.

El ingenio resulta un arma imprescindible para dar batalla al confinamiento.

Para hacer frente a los cierres impuestos por la pandemia de coronavirus, ser creativo es el salvavidas del sector empresarial de Alemania. En medio de un nuevo rebrote, el ingenio es un arma imprescindible para dar batalla al confinamiento: una destilería apostó por el gel hidroalcohólico y un bar por ofrecer cócteles para llevar.

Si bien el gobierno liderado por Ángela Merkel tiene suficiente capacidad financiera para desencadenar más medidas de rescate y estímulo si es necesario para contrarrestar el impacto del Covid-19 en la mayor economía de Europa, la agencia de noticias AFP habló con tres empresas alemanas que contaron su lucha por sobrevivir reinventando su negocio.

Destilería para las farmacias
Para Bastian Heuser y sus socios embarcarse en la producción de whisky sin conocer el sector no fue nada fácil hace unos años. Pero desde marzo, no han tenido más remedio que improvisar para evitar el cierre de su fábrica al sureste de Berlín, en Brandeburgo, durante la primera ola del nuevo coronavirus. Como la demanda de desinfectantes de manos se disparó, las farmacias de la región se pusieron en contacto con la planta para ver si era posible destilar en ella el alcohol que forma parte de la composición de geles hidro alcohólicos.

Al mismo tiempo, lograron deshacerse de algunos barriles de whisky restantes y aprovechar la afluencia de turistas alemanes -que no podían viajar al extranjero- instalando un bar en el patio. Propusieron visitas guiadas, degustaciones e incluso bodas, lo cual permitió mantener ocupada la destilería durante todo el verano. Según Heuser, su empresa «logró una facturación hasta un 50% superior a la del año anterior, lo que más o menos compensó las pérdidas de la primavera». Y confía en que resista la segunda ola.

Reinvención de los cócteles
Durante un tiempo Katja Hiendlmayer, copropietaria del bar de cócteles Bürkner Eck, en el corazón del barrio de moda berlinés de Kreuzberg, se planteó «hacer otra cosa» y dejar el negocio. Pero la pasión de su pareja por esta profesión y la ayuda del gobierno alemán, que indemnizó a las empresas cerradas hasta el 75% de la facturación perdida, le hicieron cambiar de opinión. Encontró la forma de seguir: los bármanes embotellan los cócteles que entregan en bicicleta en un radio de cinco kilómetros en torno al establecimiento.

»Preferimos trabajar por pocos ingresos a no hacer nada», explica Hiendlmayer, que también quiere «preservar la actividad de sus empleados».

Innovación gastronómica
Los días en los que los clientes llegaban a La Cantine d’Augusta, un restaurante francés del suroeste de la capital alemana, parecen lejanos. Primero se impuso el distanciamiento, luego llegó el cierre de noviembre. El gerente del establecimiento tuvo que remodelar el espacio para convertirlo en un escaparate de la gastronomía francesa: los clientes pueden venir y llevarse especialidades culinarias importadas de Francia, desde quesos hasta embutidos o patés, que a veces son difíciles de encontrar en Berlín.

Estos kits para llevar a casa permiten al propietario Sébastien Gorius superar la segunda ola epidémica. Para mantener a los clientes, también ofreció sus paredes como soporte para la exposición de cuadros de uno de sus empleados, Jean-Baptiste Monnin. No tiene nada que ver con las animadas noches de antaño, pero le permite atraer al público. «Habrá un trauma colectivo durante años, tal vez una década», teme Gorius.

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