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España encara la Navidad tras un noviembre negro con 9.200 muertes por COVID-19

La segunda ola de la pandemia de COVID-19 se cobró un alto precio en España durante noviembre con más de 462.500 contagios y casi 9.200 muertos, la cifra más elevada en decesos en un solo mes desde abril, que registró el pico de la primera oleada con la pérdida de casi 16.000 vidas.

Pese a que la situación no se encuentra tan descontrolada como al inicio de la pandemia, las últimas semanas fueron un recordatorio de lo que puede pasar cuando se relajan las precauciones, lo que eleva la preocupación de las autoridades de cara a las fiestas de Navidad.

«No debemos relajar las medidas durante las fechas navideñas», dijo en una rueda de prensa ofrecida el 30 de noviembre la secretaria de Estado de Sanidad, Silvia Calzón.
Aglomeraciones
La advertencia se refiere no solo a las reuniones familiares, sino también a las colas y aglomeraciones en áreas comerciales con motivo de las compras navideñas, que pueden convertirse en un foco de transmisión del virus.

Durante este fin de semana la ciudad de Madrid fue testigo de las dificultades que se producirán en las próximas fechas para controlar los flujos de personas: el Black Friday y el encendido de la iluminación navideña llenaron las calles del centro de transeúntes, una imagen que también se replicó en Barcelona.
Tras las aglomeraciones de este fin de semana, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, pidió a los ciudadanos «escalonar en la medida de lo posible» sus visitas al centro de la ciudad en los próximos días, una recomendación difícil de casar con sus llamamientos previos para salir a la calle a consumir.

«Tenemos que evitar las situaciones de aglomeraciones», recalcó Silvia Calzón, quien pidió a los ciudadanos tener en cuenta el «esfuerzo tremendo» llevado a cabo por todo el país para bajar la curva de contagios en noviembre.

Pasó el pico de contagios
Si bien es cierto que noviembre fue un mes negro en términos de fallecidos, la situación epidemiológica llega a diciembre ofreciendo claros síntomas de mejora.

España está desde el 25 de octubre bajo un nuevo estado de alarma que permite a cada una de las regiones del país aplicar medidas restrictivas de la movilidad y la actividad social, como el toque de queda nocturno, el confinamiento por zonas o el cierre de bares y restaurantes.

Según explican desde el Ministerio de Sanidad, el pico de fallecimientos se debe, sobre todo, por los contagios acumulados antes de que estas medidas empezaran a hacer efecto, y efectivamente los datos atestiguan que la transmisión del virus está en tendencia decreciente.
A fecha del 30 de octubre la incidencia acumulada de contagios en todo el país era de 485 casos diagnosticados por cada 100.000 habitantes en un periodo de 14 días.

Ahora esa incidencia está en 275 casos, todavía por encima del umbral de 250 que el Ministerio de Sanidad utiliza para declarar un «escenario de riesgo», pero con registros que representan casi la mitad de la incidencia registrada a principios de mes, lo que es un claro síntoma de mejora.

Este descenso de la circulación del virus se evidencia de forma más clara cuando se ponen bajo la lupa los datos por territorios: noviembre arrancó con dos comunidades autónomas (País Vasco y Navarra) con una incidencia superior a los 1.000 casos por 100.000 habitantes y ahora la que más tiene es Castilla y León con 431, menos de la mitad.

Menos presión hospitalaria
Del mismo modo, a lo largo de noviembre se produjo una relajación de la presión asistencial, aunque de forma más moderada: el mes arrancó con un 14,7% de las camas de hospital ocupadas por pacientes de COVID-19 y cerró con ese indicador al 11,8%.

No obstante, los efectos del pico de contagios se siguen notando en lo referente a los pacientes graves, ya que el 26,7% las camas de cuidados intensivos del país están ahora ocupadas por enfermos de coronavirus, más incluso que al arranque de noviembre (26,5).
En total, son 2.629 las personas que siguen recibiendo cuidados intensivos para luchar contra la enfermedad, que ya deja más de 45.000 muertos en todo el país, y eso solo contando el balance oficial, en el que únicamente se incluyen los decesos producidos tras un diagnóstico positivo.

«Los datos vienen a confirmar la tendencia descendente en todas y cada una de las comunidades autónomas. Pero pese a la mejoría de los indicadores queremos insistir en que todavía estamos en cifras preocupantes y en estas fechas hacemos un llamamiento al sentido común», reflexionó Silvia Calzón.

Levantar la mano
Pese a la dramática huella del mes de noviembre en términos de decesos, y los llamamientos del Ministerio de Sanidad a mantener las precauciones, los distintos territorios del país tratan de hacer equilibrios para, al calor de los mejores datos, levantar la mano con las restricciones en Navidad.

Regiones como Cataluña, Madrid, Navarra, País Vasco o Valencia plantearon por el momento la posibilidad de aumentar el aforo en las reuniones familiares —actualmente limitado a seis personas en la mayor parte del país— y otras como Andalucía se plantean incluso restablecer la movilidad libre entre sus provincias.
Sin embargo, todas las administraciones condiciones sus planes a lo que puedan pasar en próximos días nivel epidemiológico y, al mismo tiempo esperan a que el Ministerio de Sanidad apruebe unas líneas comunes a seguir.

Por el momento desde Sanidad no se aprobó ningún plan concreto, pero el titular del departamento, Salvador Illa, ya avanzó este 1 de diciembre que se tomarán medidas para controla «movilidad, reuniones y celebraciones» porque «las Navidades tendrán que hacerse de forma distinta a como venían haciéndose en años anteriores».

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