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BRASIL: fuerte repunte del PIB para el tercer trimestre

Luego de que el país entrara en recesión y llegue a una cifra récord de desempleo, se vio una clara mejora en la economía.

La economía de Brasil, sostenida por los subsidios acordados para enfrentar la pandemia del coronavirus, saldrá de la recesión con un repunte del 8% en el tercer trimestre, pero tendrá la dificultad en mantener su impulso sin agravar la espiral del déficit y la deuda, señalan analistas. El instituto oficial de estadísticas IBGE divulgará el jueves los datos trimestrales de la mayor economía latinoamericana, que según la estimación promedio de los especialistas consultados por el diario Valor creció 8,8% en el periodo julio-septiembre respecto al trimestre anterior.

Ese avance será sin embargo insuficiente para compensar el hundimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en el primer trimestre (-2,5%) y en el segundo (-9,7%), que sumió al país en la recesión y provocó una cifra récord de desempleo. Según destacó AFP, para el cuarto trimestre, la Fundación Getúlio Vargas prevé «una desaceleración del ritmo de crecimiento», debido a «la reducción de las ayudas de emergencia, la aceleración de la inflación, las incertidumbres sobre la recuperación del mercado laboral y el reciente empeoramiento de las condiciones financieras».

Desde el gobierno brasileño proyectan una contracción de 4,5% en 2020 y un crecimiento de 3,2% en 2021. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), menos optimista, auguró el martes una caída del PIB de 6% este año y un repunte de 2,6% el próximo y consideró que aún a fines de 2022 la economía de Brasil no habrá recuperado su nivel previo a la pandemia.

Las ayudas distribuidas desde abril a 67 millones de brasileños (casi un tercio de la población) evitaron un desplome peor en el segundo país con el balance más letal de covid-19, con más de 173.000 muertos. Pero esas transferencias, inicialmente de 600 reales mensuales (unos 110 dólares), se redujeron a la mitad en septiembre y todo indica que serán eliminadas o drásticamente reducidas en enero, pese a que el país enfrenta un recrudecimiento de la pandemia.

Las asignaciones suman 615.100 millones de reales (120.000 millones de dólares) y representan 8,6% del PIB brasileño, informó la semana pasada el secretario de Hacienda del ministerio de Economía, Waldery Rodrigues. Esa asistencia masiva llevó el déficit primario (previo al pago de intereses de la deuda) de 0,85% del PIB en diciembre de 2019 a 9,13% en octubre pasado. La deuda pública saltó de 75,8% a 90,7% del PIB.

Una situación singular para el ministro de Economía, el ultraliberal Paulo Guedes, designado por el presidente Jair Bolsonaro hace dos años con la misión de sanear las cuentas públicas mediante estrictos ajustes. Para el economista Marcos Lisboa, la recuperación del tercer trimestre «es natural, dado el tamaño de la recesión». Pero luego, con o sin subsidios, Brasil retornará a su «padrón de relativo estancamiento» debido a «problemas estructurales que nunca fueron enfrentados».

Marcos Lisboa, presidente del Insper, un reputado instituto de formación en administración y negocios, reclama una «agenda clara de reformas» para «salir de la trampa» del constante aumento de gastos en los estados y municipios y en la esfera federal. La OCDE advirtió que «frenar el proceso de reformas estructurales podría limitar la inversión y el crecimiento futuros». Pero, deplora el economista, en Brasil «cada vez que un gobierno tiene que afectar a los electores con ajustes, retrocede». Y hay pocos indicios de que esa agenda avance sustancialmente antes de las elecciones de 2022, en las cuales Jair Bolsonaro pretende buscar un segundo mandato.

 

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